La Navaja Suiza

Me encantan esos gadgets multifuncionales tipo super-herramienta con destornillador, alicates, tijeras etc, o por supuesto la conocida navaja suiza.

¿Quién no tiene una? ¿O no la ha utilizado en una acampada o en un almuerzo dominguero en el bosque periurbano de turno?

Pero no nos engañemos, hace gracia delante de los amig@s y familiares, pero cuando almorzamos en nuestra casa un buen chuletón de buey, el instrumento se nos antoja poco útil e ineficiente.

El nacimiento del ”Tool-man”

Reconocemos pues que para cada situación necesitamos el instrumento adecuado.

¿Por qué no utilizamos entonces ese mismo criterio en la gestión de nuestras empresas?

Empezando por nosotros mismos. Ya peinamos canas, y hemos vivido en primera persona la evolución tecnológica de las empresas: eclosión de la informática, creación de internet, desarrollo del marketing…

Ésta es una época en la que las herramientas tecnológicas son cada vez más funcionales y pedagógicas, fáciles de utilizar. Lejos queda la época del MS-DOS y de la creación de webs mediante programación html “en estado puro”.

También tenemos más formación que las generaciones anteriores y muchísima información a nuestro alrededor que a la vez retroalimenta a la primera, colocando a nuestro alcance la posibilidad de ser multidisciplinares en nuestro trabajo.

Podemos llegar a creernos “semidioses”, empresarialmente hablando, abarcando la dirección de todas las áreas de la empresa, (Gerencia, Dirección Financiera, Dirección Comercial, Marketing, Informática) pues tenemos una parte de conocimiento de todos ellas.

… Y a cuestas con la productividad

E incluso también podemos exigir a nuestro personal que se aplique a ello, razonando que los tiempos han cambiado, que vivimos en una época de reducción de costes, y que todos debemos empujar del carro.

Y por supuesto hay una parte de verdad en todo ello.

Pero no debemos perder la perspectiva de que uno de los objetivos principales de nuestra empresa es que ésta sea rentable. Y esa pesadilla que resulta para nosotros el elevar los índices de productividad de nuestros activos, nos puede acabar consumiendo si no tenemos las funciones bien definidas, empezando por nosotros mismos.

Pero ¿Cómo enfocamos estas nuevas virtudes?

Así que preguntémonos, ¿cuál es realmente nuestro trabajo a desempeñar?

El tiempo es finito, y la efectividad en el mismo también.

Si somos el Gerente nos toca el “trabajo feo” ingrato a veces. Reconozcámoslo cuanto antes, y apliquémonos, ya que la empresa depende de ello. Aunque sea más bonito y entretenido “trastear” las estadísticas del Controller, crear un post en una red social, o diseñar el poster de nuestra próxima campaña, probablemente no lo vamos a hacer igual de bien que ellos, nuestro personal especialista, y ni mucho menos en el mismo tiempo.

La empresa nos necesita a cada uno de nosotros en nuestro puesto; somos parte de un gran engranaje, cada persona en su nivel pero, no nos engañemos, todos vitales para el buen funcionamiento de la misma.

Aprovechemos ese conocimiento multidisciplinar que tenemos para elegir a nuestros mejores compañeros de viaje, pero no para suplantarnos a nosotros mismos en nuestra actividad.

Efectivamente somos una navaja suiza, pero no caigamos en el error de serlo a full-time.